TAME IMPALA, heredero espiritual de Pink Floyd, del rock alternativo al techo psicodélico
No estábamos preparados. No vimos venir el tremendo tsunami made in Australia que estaba a punto de hacer temblar los cimientos del Movistar Arena. Con una puesta en escena, a priori, sencilla, un espectáculo de luces apoteósico, y un sonido perfectamente calibrado, Kevin Parker (Sidney, 1986) y su séquito se plantaron en el escenario, con un público espectante y un ambiente propicio para la evasión absoluta.
Con excusa de su último album, Deadbeat, los austrialianos abrieron fuego con dos temas antiguos no tan conocidos,“Apocalypse Dreams”, de su disco Lonerism (2012), y de “The Moment” (de Currents, 2015), pero si lo suficientemente reconocibles como para meter en harina al gentío, que empezaba un poco tímido. Esa sensación pronto cambiaría.
Cual ovni sobrevolando la profunda noche madrileña, una estructura lumínica de forma ovalada comenzó a orbitar por el escenario, desplegando un arsenal de luces estroboscópicas y de láseres enloquecidos, y generando un espectáculo lisérgico que, al ritmo de “Loser”, la que sería la primera canción en sonar del nuevo album, comenzaría una epifanía psicodélica colectiva entre el público, iniciando así una bonita comunión con el grupo, que no había hecho más que comenzar.
Una cosa quedaba clara, el concierto no se reducía a una tímida puesta en escena de sus temas más recientes o de su último album. No. Los australianos tenían la ambición de conquistar al pueblo de la capital con su gran variedad de texturas, sintes y sonoridades, aprovechando la tremenda heterogeneidad y riqueza de su discografía: desde el estimulante rock más alternativo de temas como “Elephant” o el “Feels Like We Only Go Backwards”, temazos del Tame Impala más primigéneo, pasando por el techno pop de “Afterthought” O “Dracula”, su hit más viral, hasta llegar a la apabullante mezcla de géneros de uno de sus mejores discos, Currents, perfomando auntenticos clásicos modernos como “Let It Happen” o “The Less I Know The Better”. El estadio estaba totalmente entregado a la causa.
Con unos intermezzos brutales que recordaban a los mejores conciertos de Pink Floyd, reventando los bajos y cargando de espectativa cada canción nueva que precedía a la anterior, Kevin Parker se permitió el lujo de ir a echar un meo, en mitad del concierto, y el público no se quedó exento de ver cómo el vocalista se quedaba a gusto después de beberse no pocas cervezas (bromeó acerca de si se bebía Superbock en España, lo que le costó la única pitada/ abucheo de la noche) y de fumarse algún que otro cigarro. Tras semejante espectáculo bochornoso (en el mejor sentido de la palabra), el cantante no tuvo más que aperecer por otra puerta del recinto, dejando a todo el estadio bastante confuso, y con un teclado y cuatro instrumentos, se puso a pinchar techno electrónico como si estuviese en el salón de su casa. Para los amantes del género, fue una aunténtica gozada disfrutar de este pequeño regalo.
Culminó el momento con “Ethereal Conection”, su tema más instrumental de Deadbeat.
Tras un par de bromas que entraron sorprendentemente bien, y un carrusel de temas más chill como “Nangs” o “List of People (To Try and Forget About)”, comenzaba la traca final, que no era poca cosa. Con un público absolutamente deshinibido, y un Kevin Parker desatado, tocaron “Expectation” una de sus primeras canciones, y se atrevieron con “Peace Of Heaven”, personalmente mi canción favorita del nuevo disco, la más emotiva y con un profundo homenaje a su hija, imagen y protagonista de la portada del último album. Por supuesto, no faltaron las linternas ondenando entre el gentío.
Tras casi dos horas de puro espectáculo, y después de regalarle los oídos a un público entregado, Kevin y suscolegas remataron la faena con algunos de sus mejores temas del último disco: “My Old Ways” y “End of Summer”. Tremendo final que redondeó uno de los mejores conciertos que se pueden ver (y escuchar) en la actualidad. No por casualidad, Tame Impala se encuentra actualmente entre los cincuenta grupos más escuchados del panorama musical.
Espectáculo total.










